Primer encuentro

1“Quieres casarte conmigo?”

Esa es una pregunta que no esperaba escuchar esta noche. De hecho, es una pregunta que no esperaba escuchar esta semana, este mes o este año. Francamente, es algo que simplemente no esperaba escuchar. Pero eso no es importante ahora mismo, al menos no mientras estoy plantada en medio de un bar, con Alex arrodillado delante de mí.

“¿Qué estás haciendo?”

Alex está sosteniendo mi mano cuando dice “No he visto ningún anillo, ni alianza ni nada parecido así que me ha parecido una pregunta totalmente adecuada.”

Aunque poco romántico, el razonamiento de Alex puede parecer lógico, pero se le olvida un detalle muy importante.

“Alex, ¡no te conozco!” Grito por encima de la música mientras sigue arrodillado todavía mi mano entre las suyas.

Sí, ese es un pequeño pero crucial dato a tener en cuenta antes de comprometerse con alguien de por vida. Alex es realmente encantador, al menos lo ha sido durante las dos o tres horas que llevamos hablando, pero acabo de conocerle. Sí que técnicamente, es un completo desconocido. Podría ser un psicópata, o incluso podría tener uno de esos fetiches sexuales raros que incluyen maniquíes o peluches. O ambos a la vez. Eso es algo a tener en cuenta antes de andar por ahí aceptando propuestas de matrimonio.

Mi reacción parece entretenerle más de lo que se esperaba porque echa la cabeza hacia atrás y suelta una sonora carcajada. Pero no se pone en pie para dar por acabada la broma, no, eso sería pedir demasiado. Justo antes de que pueda recuperar mi mano de entre las suyas me doy cuenta de que una chica de una mesa cercana ha visto la escena. La chica, ajena a la brillante broma de Alex, cree que está realmente pidiéndome matrimonio y seguramente alentada por el alcohol se ve en la necesidad de alertar efusivamente al resto de su mesa. Que a su vez alerta a la gente ocupando las mesas a su alrededor. En unos pocos segundos, todo el bar está movilizado, poniéndose en pie y vitoreando. Alguien está invitando a rondas y antes de que me dé cuenta mi vida se ha convertido en una película americana. Por suerte, todo este alboroto hace que Alex se ponga por fin de pie y poniendo una mano cerca de mi cintura me dirige hacia la barra.

En cuanto llego donde todo el alboroto se ha movilizado, siento la presencia de Alex justo detrás de mí, sin tocarme pero a meros centímetros de mi espalda. Mientras me concentro en su cercanía, no me doy cuenta de que un chico que parece unos años mayor que yo está poniendo una bebida en mi mano y otra en la de Alex.

“¡ENHORABUENA! No os podéis imaginar cómo nos alegramos por vosotros.” Dice mientras levanta su bebida para brindar.

Es la primera vez que un completo desconocido me invita a una ronda. Aunque, si me paro a pensar también es hoy la primera vez que un desconocido me pide matrimonio. Hoy debe ser mi día de suerte. Sólo espero que el siguiente desconocido se presente con un maletín lleno de dinero. O una caja de donuts.

“Nada mal para un futuro marido.” Susurra Alex en mi oído mientras hace chocar nuestros vasos de nuevo. Me quedo paralizada durante unos segundos, perdida no en sus palabras sino en la sensación que han dejado en mi oído. Antes de que reaccione y pueda responderle, la chica que ha empezado todo esto alertando al bar entero se acerca a nosotros y se acomoda bajo el brazo del generoso desconocido.

“Hoy es nuestro aniversario, y en el momento en el que le he visto arrodillado en mitad del bar… No he podido evitar emocionarme.” Dice mientras se sonroja y mira a su marido. “Teníamos que invitaros a una ronda para celebrarlo.”

Abro la boca con la intención de aclarar el malentendido, pero Alex se me adelanta. “Mucha gente diría que es una agradable casualidad, pero a mí me gusta creer que es el destino” dice mientras levanta su bebida y añade “Muchas gracias, y a vuestra salud.”

La pareja se despide, no sin antes volver a felicitarnos, y se aleja para volver a su mesa.

“¡Cuál es tu problema!” Me giro para gritarle a Alex mientras le golpeo en el brazo.

“Ah, nuestra primera pelea. Estoy en racha esta noche.” Me responde mientras se protege con el otro brazo de más ataques.

“No puedo creérmelo, en serio.” Le digo mientras sacudo la cabeza. “¡Qué vergüenza! toda el bar y esa pobre pareja pensaba que ibas en serio.”

“Dijo ella mientras tomaba un sorbo de su bebida gratuita.” Responde Alex con ironía.

Detengo el vaso a medio camino de mi boca indignada justo antes de darme cuenta de algo “Oh dios mío. ¿Es esto una nueva técnica de ligue? Dime, ¿lo es? Espero que ésta no sea tu manera de ligarte a chicas en bares…”

“¿Por? ¿Ha funcionado?” Me dice con una sonrisa de oreja a oreja.

“Hum…” digo pensativa mientras me llevo un dedo a la barbilla para dramatismo “Ya veo, encantador y guapo chico joven pretendiendo pedir matrimonio aleatoriamente a chicas para llevárselas a casa. Veo como podría funcionar, sobretodo si siempre consigues rondas de bebidas gratis.”

“Ouch. Me hieres…” Dice Alex mientras se lleva una mano al corazón. “Aunque volviendo a lo de encantador y guapo, esa discusión es algo que podría curar mi pobre corazón roto”

“Confiesa, éste es tu movimiento estrella.” Digo señalándole con el dedo índice.

En lugar de responderme, Alex levanta la mano que todavía tenía apoyado en el pecho a la altura de su corazón y me sorprende apartando un mechón de pelo que tenía en la mejilla para ponérmelo delicadamente detrás de la oreja. En lugar de retirar la mano inmediatamente, la deja ahí unos segundos y me acaricia cerca de la comisura de los labios con el dedo pulgar. No soy una chica que se quede sin palabras muy a menudo, pero en ese momento mi cerebro deja de funcionar. Me quedo paralizada, quieta en su dulce gesto y antes de que pueda evitarlo, estoy perdida en su mirada. Alex, sonriente durante toda la noche y siempre con una broma preparada, ahora me mira con seriedad e intención. Y yo, incapaz de romper el contacto visual, sigo perdida en sus ojos verdes, brillantes posiblemente por el alcohol y las altas horas de la noche pero llenos de decisión. Algo dentro de mí empieza a despertarse, y en ese momento tengo la certeza de que si no digo nada, él va a considerarlo una señal para actuar. Una luz verde, una invitación. Y realmente, no le culparía porque estoy segura de que en este momento estoy respondiendo con la misma intensidad. Así que decido romper el momento con lo que sé va a detener lo que quiera que sea que se está poniendo en marcha entre nosotros.

“Alex, tengo novio.” Digo mientras cierro los ojos y giro ligeramente la cabeza. “Te lo dije al principio de la noche.”

“Lo sé,” Responde Alex mientras baja su mano de mi mejilla. “Pero no he podido resistirme.”

Vuelvo a mirarle justo a tiempo para ver como la indecisión empieza a inundar sus rasgos y cómo levanta la mano hacia mí de nuevo. Pero esta vez la detiene a medio camino y dice “Además, no soy celoso. Te lo dije entonces y te lo repito ahora.” Alex vuelve a sonreír, y esa momentánea duda que vi hace unos segundos ha sido ahora sustituida por humor.

Le devuelvo la sonrisa tímidamente. Alex es encantador y me ha hecho reír más veces de las que puedo contar en meras horas, sé que me gustaría mantenerle cerca y tenerle como amigo, pero también sé que estoy entrando en un terreno peligroso. Porque la única razón por la que me contentaría con ser su amiga es porque ya estoy en una relación. Soy consciente de lo que está pasando entre nosotros y soy culpable de haber dejado que empezara en primer lugar. Cuando se acercó a mí al principio de la noche, fui clara con él. Le dije que esto no iba a acabar en conquista y pese a ello, él me contestó que no sólo no era celoso sino que requería bajo mantenimiento, añadiendo que podía preguntarle a los novios de todas sus novias. Lo que me sacó la primera sonrisa. Le pregunté si dichos novios sabían que estaban compartiendo a sus respectivas parejas y me respondió que además de requerir bajo mantenimiento él es así de solidario con la población femenina. Lo cual ni tiene sentido ni responde a mi pregunta. Pero de alguna manera, su respuesta me hizo reír otra vez. Sin darme cuenta, empezamos a hablar y algo hizo click entre nosotros. Así continuamos la noche, durante horas, hasta que se arrodilló delante de mí para pedirme matrimonio después de inspeccionar mi mano en busca de un anillo.

“¿Tienes tu móvil a mano?” Me pregunta sacándome de mi ensimismamiento.

Debería de haber estado más rápida en ese momento y ver hacia dónde iba la cosa con esa pregunta, pero gracias a estas horas mi agilidad mental deja mucho que desear, así que saco mi móvil del bolso y le respondo “Sí, ¿por?”

Alex coge el móvil y teclea durante un par de minutos. Me lo devuelve y veo un número nuevo en mis contactos ‘Alex. Futuro, encantador y guapo marido’.

No puedo evitar sonreír. Cuando le miro me encuentro con esos ojos verdes llenos de intención otra vez.

“Ahora puede que no estés disponible, pero como he dicho antes, creo en el destino y sé tiene que haber una razón por la que hoy he podido contenerme y no actuar contigo. Y créeme cuando digo que eso no pasa a menudo. Pregúntale a los novios de todas mis novias”

Abro la boca para contestarle pero cualquier respuesta muere en mis labios. No soy capaz de pensar en nada que decir. Y así, sin ninguna palabra más entre nosotros, Alex se va, pero no sin antes acariciarme fugazmente la mejilla, tan brevemente que creo que debo de habérmelo imaginado. Así, se da la vuelta me deja de nuevo, totalmente sorprendida y plantada en el sitio.

No es muy a menudo que me encuentro con alguien que causa tal efecto en mí en tan poco tiempo. Sin darme cuenta, me llevo los dedos a la mejilla, donde todavía siento el fantasma de sus dedos acariciándome y me sorprende la claridad con la que veo su sonrisa y sus ojos verdes ahora que he cerrado los ojos. Me sorprende y me aterra al mismo tiempo porque es algo en lo que no debería estar pensando. Intento repasar los eventos de la noche y me encuentro sonriendo. Podría pretender engañarme a mí misma, pero hoy me lo he pasado bien, y aunque lo más posible es que no vuelva a ver a Alex, es una noche que siempre me sacará una sonrisa. La noche que un desconocido me pidió matrimonio. Y aunque todavía no lo supiera, la noche que iba a cambiar todo.


M.E.

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