Oscuridad

3La oscuridad. Algo tan familiar y la vez tan desconocido. ¿Existe a caso algo tan vastamente amplio como el concepto de oscuridad? Ahí donde se esconden los monstruos que interrumpen nuestros sueños durante la infancia. Ciertamente, ahí donde habitan algunos de nuestros peores miedos.

¿Tienes miedo a la oscuridad? ¿O es lo desconocido lo que te disturba? Aquello que se encuentra entre las sombras es aquello que desconocemos. ¿No es lo desconocido lo verdaderamente aterrador para el ser humano? La incertidumbre es perturbadora.

Oscuridad. Un ruido inesperado. Un sonido fuera de lugar. La incertidumbre que alimenta nuestro miedo. La sensación de que hay algo escondiéndose en las sombras de la noche. La certeza de que te están siguiendo.

La oscuridad es la protagonista de mis pesadillas desde la infancia. Es aquello detrás de mis peores miedos. Precisamente por eso, intento no volver a casa a altas horas de la noche, y cuando lo hago, trato de evitar encontrarme sola en las desiertas calles de mi ciudad. Pero por mucho que me esfuerce en evitar esas situaciones, algunas veces es simplemente inevitable.

Esta noche es una de esas inevitables ocasiones, una de esas noches en las que me encuentro volviendo a casa sola, recorriendo la ciudad a pie acompañada únicamente por el sonido de mis pasos. Trato de prestar atención a las largas sombras creadas por las pocas farolas que adornan las calles, intento concentrarme en los pequeños rincones iluminados e ignorar aquellos que se encuentran en la oscuridad. Pero el eco de mis miedos suena cada vez más alto en mi cabeza. Mis pasos disturban la paz de noche con más fuerza y las sombras amenazan con alcanzarme. Es entonces cuando lo siento, con la misma certeza con la que sé mi nombre, que hay algo detrás de mí.

Es prácticamente inapreciable, pero puedo escuchar un segundo juego de pasos detrás de mí. Empiezo a caminar más rápido e intento concentrarme en el sonido de mis propios pasos. Tacón contra asfalto. Tacón contra asfalto. Tacón contra asfalto.

Parece que dejo atrás mis miedos a medida que me alejo y me adentro más y más en las ciudad. Pero mi tranquilidad se rompe de nuevo cuando a lo lejos, en una esquina apenas iluminada, veo la silueta de una persona. Mi calma explota en mil pedazos y el pánico toma las riendas de la situación. Mis piernas no responden y paro de caminar mientras los latidos de mi corazón toman el control de mi cuerpo y es todo lo que puedo oír.

Cierro los ojos, y le pido a las fuerzas del universo que no haya nada cuando vuelva a abrirlos. “No puede ser” susurro a la oscuridad de la noche. “Por favor” le suplico a las sombras. Abro los ojos de nuevo para encontrar que mis plegarias has sido respondidas. En el lugar de la amenazadora silueta, ahora no hay nada, solo la tenue luz de las farolas más cercanas.

Empiezo a respirar de nuevo, pero antes de que suelte todo el aire que llenan mis pulmones, lo siento.

Lo sé, porque ahora mismo no estoy moviéndome.

Los pasos que oigo no son los míos.

Tacón contra asfalto, tacón contra asfalto.

Están cerca, se acercan demasiado rápido.

Y antes de que me dé cuenta, están encima de mí. Y no veo nada. Sólo lo siento, lo sé. La oscuridad ha ganado.


M.E.

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