Nómada

screen-shot-2016-10-20-at-16-00-15A veces no es suficiente.

Un día te levantas y te das cuenta de que no es suficiente. Necesitas más. Algo más, algo que te dé un motivo para salir de la cama y ponerte en marcha. Un motivo, una razón que te haga realmente feliz. Referirme a tener una razón para vivir quizás suene dramático, pero ¿qué es vivir realmente? ¿A caso no es apreciar los pequeños detalles del día a día, de la rutina? ¿Qué es la vida sino una sucesión de día a días? Cada día, uno detrás de otro. Esa es tu vida. ¿No deberíamos estar viviendo al máximo cada uno de esos días, cada una de esas horas que van a acabar acumulándose? Y lo que es más importante, ¿no deberíamos intentar que cada una de esas horas sea vivida lo más felizmente posible?

El concepto de felicidad es uno borroso, uno que cambia. Depende del momento en el que uno se encuentre, depende de nuestras experiencias, de nuestras ambiciones. Depende de la persona. Mi concepto de felicidad ha estado tan poco definido a lo largo de los últimos años que ha llegado un momento en el que he perdido el rumbo. La brújula que me indicaba el camino ha dejado de funcionar y en este momento me encuentro yendo a la deriva. Sin una ruta definida pero sin estar perdida. No sé hacia dónde voy, pero sé de dónde vengo y sé que donde estoy ahora mismo no soy feliz.

Hace unos años pensaba que viajar, dejar mi casa y a mi familia atrás era lo que iba a hacerme feliz. Hacer una vida para mí misma, hacer de otro lugar mi hogar. Crearlo yo misma llenándolo con mi propia historia. Me he repetido eso tantas veces, he cambiado con tanta frecuencia de “hogar” que me he convertido en nómada. No tengo ningún lugar al que pertenecer, no tengo ninguna ciudad en la que he tenido oportunidad de echar raíces. En las que he estado más tiempo, se han dado dos casos. Uno, he dejado de encajar, de pertenecer. Dos, nunca he tenido el sentimiento de pertenencia. Cuando vuelvo a esas dos ciudades me inundan sentimientos de pérdida, en el primero de los casos, y de ajenidad en el segundo.

Considera a las personas como un hogar, entonces, me dije a mí misma. Esas personas que han continuado sus vidas sin mí mientras yo he ido de un lugar a otro. Esas personas, son lo más cercano a un hogar, son lo que puede hacerme sentir como en casa. Pero tarde o temprano, me acabo dando cuenta de que tanto ellas como yo pertenecemos al pasado. Encontrarnos en el presente, pese a tener esa cualidad de volver a casa, no deja de ser un espejismo de lo que un día fue. Todos hemos continuado con nuestras vidas, hemos cambiado y crecido. Somos las mismas personas pero a la vez, completamente diferentes.

Cuando vuelvo a lo que fue un día mi casa, ya no me siento en casa. Y cuando estoy en lo que es hoy mi casa, tampoco me siento en casa. Es el castigo por no echar raíces. Navegas por un mar de oportunidades, pero tarde o temprano te encuentras sin rumbo, a la deriva y preguntándote “¿qué estoy haciendo?”. ¿Dónde estoy yendo, quiero continuar este camino? Preguntas difíciles pero preguntas válidas. Y me doy cuenta de que no sé dónde quiero ir, pero esa no es la parte que me incomoda. Uno de los encantos de la vida es no saber dónde se va a acabar. La clave es saber qué nos hace infelices, o mejor dicho, qué es lo que necesitamos para ser felices.

Podría romperme la cabeza durante horas buscando cosas que me harían feliz, y seguramente acabaría con una lista interminable. Pero hoy, mi lista se reduce a cosas sencillas. Tener a alguien con quien compartir mi vida. Ni una persona, ni dos ni tres. Tener a gente a mi alrededor, sentirme querida, en el aquí y en el ahora. No en la distancia.

Hay pocas cosas que arrojen más oscuridad sobre uno que sentirse solo. Levantarse una mañana tras otra y darse cuenta de que no has hablado con más de dos personas en varios días. ¿Es este el precio de llevar una vida nómada? ¿De ir de un lugar a otro? ¿De no echar raíces? Esa puede ser la razón principal, pero también puede deberse a un cúmulo de cosas. O mejor dicho, un cúmulo de excusas que uno se pone a sí mismo para sentirse mejor. “Ya se conocía todo el mundo, así es muy difícil hacer amigos”, “Soy tímido, por eso me cuesta tratar con la gente”. Después llegas a un país en el que no se habla tu idioma y te das cuenta de que esas excusas eran tonterías. Ahora son sustituidas por otras como “Es que cómo voy a entender todo lo que dicen” o “Es difícil mantener una conversación sin perderse”.

Pero ¿no son todo excusas? ¿Acaso estoy buscando la soledad inconscientemente? Existen mil justificaciones, pero el hecho, la realidad, es que ser nómada es solitario. Implica relaciones a distancia con cada una de las personas importantes en tu vida. Significa estar lejos de las personas a las que consideras tu hogar. ¿Y se puede considerar eso un hogar? A veces, simplemente no es suficiente.

Tanto tiempo sintiéndose lejos de todo acaba haciendo que todo se vuelva borroso, que un día se funda con el otro, y ése con el siguiente. Las semanas dan paso a los meses, y sigue pasando el tiempo. Y cada día te repites que es temporal, que tienes que aguantar un poco más. Pero un día te despiertas y te sientes solo. Si esa mañana quisieras hablar con alguien, sabes que podrías llamar a un número de personas que responderían y lo dejarían todo para hablar contigo. Pero si quisieras abrazar a alguien en este mismo instante, no tendrías a nadie cerca con quien poder hacerlo. Y me pregunto, ¿no es eso soledad?

Demasiado tiempo en la distancia, añorando lo que no se tiene cerca, cerrándose al presente, poniendo excusas día tras día y esperando que mañana sea mejor. ¿Es eso suficiente?

Si no vives ahora, cuándo vas a hacerlo. Si no eres feliz ahora, cuando deberías tener todas las razones para serlo, entonces cuándo vas a serlo.

A veces, lo que uno tiene delante no es suficiente. Caminas sin rumbo y piensas cómo sería tu vida si hubieras tomado decisiones diferentes.

El precio de ser nómada. Y te preguntas, aunque no tengas dónde volver ¿podrás algún día volver a casa?


M.E.

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One comment

  1. Veo estas mismas preocupaciones a menudo y en gente muy distinta. Algunos echan en falta familia, otros amigos, trabajo, salud… Pero algunos tienen todo eso, entonces ¿dónde está su hogar? Mi opinión personal, es que el hogar está en si mismos. Puede que sea demasiado individualista pero creo que cuando uno está contento consigo mismo, es capaz de sentirse como e casa en cualquier sitio y en diferentes situaciones. Lo difícil es saber cómo está uno feliz consigo mismo, si alguien encuentra la respuesta que me lo diga.

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